En 2026, la Iglesia universal vive un tiempo de especial renovación espiritual al conmemorar el octavo centenario del tránsito a la vida eterna de san Francisco de Asís (1226-2026). Este Año Jubilar nos invita a redescubrir el testimonio del Poverello: su caridad activa, su búsqueda incansable de la paz y su amor desbordante por Cristo y por todas las criaturas.
En este mismo contexto jubilar, la familia cristiana ecuménica nos convoca a celebrar el Tiempo de la creación, del 1 de septiembre al 4 de octubre. El tema de este año, «Agua Viva», se inspira en la visión del profeta Ezequiel (Ez 47,9-12), que contempla un río nacido del santuario de Dios capaz de sanar la tierra, fecundar los desiertos y devolver la vida allí donde todo parecía estéril. La guía para la celebración puede descargarse en la página web del Tiempo de la Creación.
¿Qué nos dice esta invitación a las religiosas marianistas? ¿Cómo podemos unir la visión esperanzadora de Ezequiel, la mirada contemplativa de san Francisco y nuestro propio carisma para responder a los desafíos ambientales de nuestro tiempo?
San Francisco encontró en toda la creación un motivo para bendecir al Creador. En su célebre Cántico de las Criaturas alaba a Dios por la «Hermana Agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta».
No se trata de una mirada ingenua o romántica sobre la naturaleza, sino de una profunda experiencia espiritual que reconoce toda criatura como un don recibido de Dios (1). Precisamente por eso, el lema «Agua Viva» nos invita a contemplar el agua no como una simple mercancía o un recurso destinado a la explotación, sino como un sacramento de vida, purificación y regeneración. Sumergirnos en esta «Agua Viva» implica también reconocer con humildad nuestras responsabilidades: la contaminación de ríos y mares, el desperdicio de un bien tan necesario y la falta de acceso al agua potable que siguen sufriendo millones de personas en el mundo. La conversión ecológica comienza siempre por una conversión del corazón.
La llamada a cuidar la creación forma parte de nuestro compromiso de fe (2) y de la alianza con María para colaborar con ella en la misión de hacer presente a Cristo en el mundo. El símbolo del agua adquiere un significado especialmente rico cuando se contempla desde la espiritualidad marianista. Siguiendo la tradición de san Bernardo, el Padre Chaminade recurre con frecuencia a imágenes como el canal, el acueducto o el cauce para hablar de María (3). Cristo es la fuente de toda gracia; María es el camino querido por Dios para hacerla llegar a la humanidad. Chaminade la presenta como el acueducto que recibe la plenitud de la gracia y la distribuye maternalmente, dejando correr hasta nosotros «el agua bienhechora de la gracia». (4)
Contemplar a María desde esta perspectiva nos invita a acoger con gratitud esa vida nueva y a convertirnos, también nosotros, en humildes instrumentos por los que la gracia de Cristo llegue a los demás. Cada comunidad y cada hermana, desde su propia realidad – en la misión apostólica, en el acompañamiento, en el servicio cotidiano o en la oración silenciosa – puede convertirse en un cauce de esperanza y de cuidado de la casa común.
El lema «Agua Viva» encuentra una resonancia muy especial en las cartas de Madre Adela. El Agua Viva nos remite al agua de nuestro bautismo, fuente de la vida nueva en Cristo. Adela anima a acudir al «manantial de agua viva» que brota en los sacramentos para saciar nuestra sed espiritual (5). Y, evocando la figura del Poverello, anima a sus compañeras a abrazar «la pobreza que san Francisco llamaba su Dama» (6). Estas intuiciones nos invitan a vivir el Tiempo de la Creación como una llamada a renacer en Jesucristo (7) y a dejarnos renovar por el Señor para que nuestra vida sea signo de reconciliación con Dios, con los demás y con toda la creación.
El Tiempo de la Creación nos invita, además, a realizar gestos concretos. Por ejemplo:
- Incorporar la Oración del Tiempo de la Creación a nuestras celebraciones y encuentros comunitarios, colocando en nuestras capillas algún signo que recuerde el don del agua.
- Celebrar la misa por el cuidado de la creación. En este enlace puede descargarse el formulario en varias lenguas.
- Revisar el uso responsable que hacemos del agua y de los recursos en nuestras comunidades y obras apostólicas.
- Apoyar iniciativas de voluntariado, campañas de sensibilización o proyectos que favorezcan un acceso más justo al agua potable para todos.
- Y este Año Jubilar Franciscano nos brinda también la oportunidad de realizar gestos de reconciliación, obras de misericordia y peregrinaciones a lugares franciscanos para obtener la indulgencia jubilar.
De la mano de María, aprendamos de san Francisco a cuidar la creación con sencillez, gratitud y esperanza, para que, renovadas por el Agua Viva de Cristo, nuestra vida sea un signo del amor de Dios para el mundo.
(1) cf. Laudato Si’ nº 11
(2) Laudato Si’ nº 217: Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana.
(3) Cf. Escritos y Palabras vol. 2, cuaderno gris nº 1, [203] Notas Marianas, nº 174 y 174b; Escritos y Palabras Vol. 7,[17] Cartas a un maestro de novicios, 7ª Carta [51]
(4) Cf. Escritos y Palabras Vol. 7, [37] Manual del servidor de María, capítulo VI ,nº 42.
(5) Adela de Batz, carta nº 41.7
(6) Adela de Batz, Carta 241.7
(7) Cf. Adela de Batz, carta nº 3

